jueves, 3 de abril de 2014

Matriz

En mi sueño estoy embarazada, y la idea me hace extremadamente feliz. Un gozo inmenso al ir revelandole la noticia a amigos,  familiares,  compañeros de trabajo.  Dentro del sueño me digo repetidas veces que esta vez no es un sueño, que estoy dentro de la realidad: de alguna manera misteriosa lo rechequeo,  lo constato,  aunque no recuerdo cómo. 
Subo a un ferry que me lleva a través de un río.  El viaje discurre,  placidamente.
En el mismo sueño se entrevera el elemento reiterativo de que debo algunas materias para recibirme,  y deambulo por una institución educativa -una universidad quizás -averiguando cómo rendirlas antes de dar a luz.
Cuando me despierto,  tardo unos segundos en comprender que el embarazo sí era un sueño,  y es un descubrimiento muy amargo.  Nunca,  fuera de este estado de semivigilia,  he sentido con tanto desgarro la idea de la matriz vacía.
Justo ayer,  me había sentido  absolutamente convencida de haber dejado atrás la fantasía del segundo hijo.  Estaba segura y en paz.  Los sueños a menudo nos traen a la orilla,  como cuerpos, cosas perturbadoras que ya creíamos sumergidas.

miércoles, 30 de enero de 2013

El Club de los Suicidas



Toco el timbre en una casa de Palermo Soho. Aparentemente se trata de un lugar donde ayudan a los que quieren quitarse la vida a llevar a cabo el suicidio.
Uno de los hombres que están ahí me resulta familiar, no termino de recordar si es un viejo conocido o alguien que sale por la tele. Trato de disuadirlo: por qué se encuentra allí, cuáles son las razones de que quiera suicidarse.
Cuando me descuido unos momentos, el hombre cumple su cometido –creo vagamente que arrojándose al vacío.
Me embarga un sentimiento de frustración y congoja.

jueves, 17 de enero de 2013

Paula frente al espejo

Paula entra en una habitación con columnas, parecida a un ballroom, una habitación con una gran pared espejada. Hay ciertos familiares que acompañan la escena en bambalinas. Paula se acerca al espejo, hace morisquetas frente a él pero, reavivando el ancestral sueño de los espejos caprichosos, su reflejo no acompaña a la Paula real, sino que tiene vida propia y reproduce sus gestos con cierto delay, como en un laberinto de los viejos parques de diversiones.
Le pregunté a Paula si eso le había divertido pero parece que en el sueño, esta rebelión de los espejos le produjo estupor, extrañeza, cierto desasosiego.
Paula va en busca de sus familiares para que comprueben la irregularidad y en efecto ellos tampoco logran reflejarse en el espejo, en vampiresca representación.
Cuando abandonan el salón, la escena es nocturna y urbana: luces de neón, autobuses, gente que viene y va.
Los días anteriores habíamos estado hablando sobre el cuento Cornelia frente al espejo y este sueño, tal vez, sea una mezcla de esa charla y las auras migrañosas de Paula.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Tories Vs Whigs

Un escritor amigo está tratando de recordar, para su nuevo libro, cuál era la forma en que los tories solían asesinar a los whigs. En mi sueño aparentemente hay una confusión entre tories y tugs, porque todos estamos seguros de recordar que había en efecto una manera ritual en que unos se deshacían de otros.

Yo le digo que lo voy a averiguar y busco en un libro de Thackeray que leí hace mucho en realidad, pero en mi sueño parece recién leído porque recuerdo el orden de las cosas, la ubicación aproximada de cada suceso en las páginas. Descubro, también, que había dinero olvidado en ese libro.

Sin embargo, no logramos dar con la anécdota del asesinato ritual torie,y mi amigo decide que utilizará otro argumento para su libro.

Tenemos la certeza de que el incendio terrible que están pasando por las noticias, ocurre en realidad en nuestro mismo edificio.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

El Reaparecido (de G.V.)

Soñó que iba caminando por la calle y se cruzaba de pronto con JL, nuestro desaparecido en democracia. El hombre se le aparecía, viejo y desorientado, y él se lo llevaba a otra parte, a ponerlo a resguardo, mientras pensaba lo que iba a hacer con él. (A lo largo de todo el relato JL es una especie de cosa, tierna y preciada pero cosificada al fin, que él siente el impulso de proteger) . En su sueño, se dice que no puede acudir de ninguna manera a la policía, y entonces llama a DM quien a su vez me llama a mí. Entre todos decidiremos qué hacer.

Finalmente, decide llevarlo a la Casa Rosada. En su sueño la Casa Rosada es una especie de refugio, de embajada o de meca a la cual llevar el reaparecido. Primero lo recibe el Jefe de Gabinete, y luego es la Presidenta en persona quien aparece para recibir al hombre-cosa, al símbolo que parece ser JL en este sueño.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Por el ojo de una cerradura






No me digan que la fotografía estenopeica, con esos bordes desdibujados y esa luz extraña, no parece extraída de un sueño.

Encuentro bucólico con R.C.

En este sueño, me encuentro, finalmente y después de tantos años, con R.C. Al principio mi actitud es un poco tensa e impostada. Nos hallamos en algo así como un gran jardín y aún no nos hemos visto.
Cuando finalmente se cruzan nuestras miradas, hay inmediata simpatía y ya no siento que deba estar nerviosa. Sonreímos y decidimos que nos sentaremos a charlar.
R.C. toma asiento en un banco sobre el césped y yo por algún motivo no encuentro ningún sillón que me parezca cómodo, por lo cual voy probando varios hasta que me decido a sentarme sobre el césped (cosa que no haría jamás estando despierta) Eso nos hace reír.
R.C. ha escrito libros para niños y rompe uno en mi presencia, diciéndome que ya es muy viejo. Yo le digo que es una pena, que podríamos habérselo regalado a mi hijo de cinco años. El entonces comenta otras cosas sobre sus hijos, y de pronto la conversación sobre nuestras familias y parejas actuales se torna natural. El me cuenta que debe regresar rápido a su casa porque su mujer sale de viaje y quiere estar con ella. Esto no me produce ninguna punzada de celos, lo cual, en el sueño, me sorprende.
R.C. insiste en que nos tomemos fotos; junto a nosotros está una de sus jóvenes colaboradoras quien candorosamente se ofrece a tomarnos una foto sentados en el parque. Yo sonrío y les digo que no me gusta que me saquen fotos, pero la toma sale linda.
Luego R.C. también insiste en que quiere darme una llave de su lugar de trabajo, el viejo laboratorio donde yo también trabajé en su día. Le digo, algo cohibida, que no hace falta ya que no volveré muy seguido por ahí. Pero él está muy decidido a dármela, y tiene en su mano un gran manojo lleno de llaves del que escoge la más pequeña (clara intromisión del cuento Barba Azul, que le leí a mi hijo la noche anterior)
Estamos frente a frente, charlando como en los viejos tiempos, sonriendo, relajados. Yo le cuento que unos minutos antes me he cruzado por azar con el Dr G… (célebre abogado que aparece en la tele) y hemos discutido acaloradamente sobre la existencia o no de Dios. Yo le he dicho que lo único que pretendo es que las personas religiosas acepten la posibilidad de que no haya un Dios, y consideren cuántas decisiones toman hoy en día basados en la total creencia de que sí lo hay. Dentro de mi sueño, esta reflexión me parece novedosa y brillante. R.C. se asombra y le divierte mucho mi discusión con el famoso personaje.
Y entonces comprendo por qué no me dio celos la referencia a su esposa. Es que este hombre que tengo enfrente, descubro de pronto, es bien diferente al que era hace quince años, cuando lo conocí. El rostro es vagamente parecido pero está más flaco, viejo, consumido. Incluso la nariz y la voz son algo distintas. De repente comienzo a dudar que se trate de él. Planeo, en el sueño, esperar a quedarme sola con la colaboradora para preguntarle si realmente se trata del Dr R.C. Luego me doy cuenta del absurdo. Es el, pero está más viejo, como es natural.
Cuando la colaboradora nos está por tomar una última foto, en la que posamos sonrientes, irrumpe el despertador.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Sin título

Tengo problemas legales en Tampa, Florida. Así me lo hacen saber insistentes llamadas de un fiscal de ese estado.
Paralelamente y en el mismo sueño, pierdo un vuelo a Mar del Plata y me devano los sesos pensando qué excusa poner en mi trabajo para justificar el faltazo. Termino tomándome otro avión que vuela muy bajo entre los edificios. El piloto dice entre risas que no se había dado cuenta.
Esto es el sueño; en la realidad, se me está partiendo la cabeza por una crisis migrañosa que no me decido a combatir porque el Migral quedó en el piso de abajo.

martes, 8 de diciembre de 2009

En Paris



Fuimos con P a Paris, de vacaciones. Estamos parando en un hotelucho de dudosa reputación pero amigables intenciones, on parle espagnol, módicos dulces dejados en la almohada al atardecer.
Estamos de bruces en la cama sin terminarnos de creer que finalmente hicimos este viaje: los destinos a cubrir en pocos días nos abruman: La Tour Eiffel! El Museo de Louvre! Les Champs Elysees!
De pronto le digo a P como en una revelación, ¿te acordás de aquella excursión que siempre quisimos hacer, Paris iluminado? Una barcaza nos llevará por el Sena, dirigiendo un faro enorme a los palacios y monumentos que nos quiere mostrar. Habrá silencio en la travesía, sólo el haz de luz guiando nuestras miradas. No importará el idioma del tour.
Luego en el sueño está J, quien aparece de pronto bellísimo a mis ojos. Le digo que de todos, él podría ser aquel de quien me enamorara. Pero se lo digo sin intención, extemporánea, sólo a título informativo y para acabar con un secreto de años.
Este es un sueño donde las trazas de infidelidad no pueden contra el encanto de P y Paris.

sábado, 21 de noviembre de 2009

The Burning Plain

Alguien que conozco tuvo un bebé, y así pequeño como es, parece que dentro del sueño es algo lógico que se lo coloque sobre una especie de asadera, se lo cubra con una mantita y se lo meta al horno para calentarse.
Pero como existe también un hado del sueño, es evidente que la horneada se les pasa y cuando lo sacan, manta y bebé se quemaron por completo.
Siento culpa porque la manta era un regalo mío.

(Anoche vi The Burning Plain, de Guillermo Arriaga, donde hay, no en el orden de mi sueño por supuesto, un fuego homicida y un recién nacido)

domingo, 30 de agosto de 2009

Jean Paul


"Por la noche vemos vagar libremente los topos salvajes y los lobos que la razón diurna tenía encadenados."

Léon-Paul Fargue




"He soñado tanto, tanto, que ya no soy de aquí."

El sueño de Jonás (de G.V.N.)

Y entonces sueña……………

Cansado de pintar, termina un nuevo cuadro a color, traduciendo la fuerza en movimiento y sueña:…………. De cada historia perdida habrá una esperanza. De cada lágrima, un río de aguas cristalinas. De cada olvido, miles de recuerdos maravillosos de vida. El arte será magia y cada espectador subirá a su propio centauro. Entonces, tal vez el mundo será una flor o miles y miles de flores llenas de colores y alegrías. No habrá más pesadillas. Tampoco temores. Nadie será más que otro y tampoco menos que nadie. Buscarán un mundo nuevo, donde el Sol no deje nunca de brillar y en donde la Luna pueda mecer su blancura inmaculada en una estrellada noche de paz. Lloverán estrellas y cometas. Hablarán las plantas. Los animales danzarán al compás de músicas hechas por el viento. Las varillas dobladas serán arcos de triunfos, donde pasarán nuevos hombres y mujeres que brillarán al futuro. Nunca hubo tormentas o tinieblas que duraran más que un tiempo limitado. Atrás de ella, el día. Más atrás de la tormenta, el sol. Atrás de la sequía, campos bañados de alimentos y surcos invadidos por semillas maduras. Nada habrá para despreciar. ¡No, nada!
Despierta y se pregunta ¿Será?

Extraído de “Jonás el Pintor”

Ojivas nucleares

Se nota que hice algo terriblemente temerario porque me persiguen aviones cazas y uno de los misiles entra por mi ventana. Me roza el brazo pero estoy a salvo.
Entiendo entonces que es la hora de la fuga y bajo a una calle nocturna. Me infiltro en un comercio con el propósito de pasar por una de las vendedoras pero el encargado lo advierte al instante.
Vuelvo a huir pero sé que antes de hacerlo, de alguna manera y con un propósito desconocido, les relato a los empleados la anécdota del bar de Hemingway en Key West, el taburete desgastado y cómo los turistas creen que el genio les entrará por el trasero.
Cuando me escabullo, estoy de pronto en la casa de mi infancia y un hermano que no tengo me informa que a mi madre le han encontrado un tumor en la región occipital. La idea es tan angustiante que le digo a mi hermano que en ese caso voy a cambiar de sueño, o sea, le hago saber que en este caso voy a optar por esa certeza que tenemos en los sueños, de que un sueño es al final de cuentas sólo un sueño.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Un horror recurrente

No una, sino decenas de veces; uno de esos sueños recurrentes. Deambulo por un cementerio semi derruido; la mayoría de los mausoleos están rotos y dejan entrever su contenido. O sea, veo cuerpos marrones, casi amaderados, que sobresalen de los mármoles. Hay brazos, piernas, cráneos apolillados que se muestran a mi paso. El escenario es espeluznante. Creo que me gané este sueño en algun paseo adolescente por el cementerio de la Chacarita; en comparación con los cementerios judíos, que eran los únicos que yo conocía, los cristianos son terriblemente explícitos. Todo el ritual mortuorio, podríamos decir, es más sobrio y menos exhibicionista en el credo judío. En ese paseo vespertino con mi amiga C. que estaba loca por la imaginería fúnebre -vivía a dos cuadras del cementerio y desde su balcón bebíamos cervezas con vista al ángel que toca el clarinete- creo haber entrevisto tumbas a las que el tiempo había maltratado más de lo aconsejable. También eso difiere entre religiones: para los judíos, el muerto que entró a la tierra le pertenece, ha vuelto a ella; jamás se podría contemplar la posibilidad de pasarlo a un osario común luego de un tiempo. Tampoco está permitido hacer otra cosa que enterrar: por eso quizás los mausoleos, con sus ataúdes exhibidos, me impresionaron tan fuertemente.
En mi sueño doy vueltas laberínticas por un camposanto que cada vez me aterroriza más, aunque nunca logro dar con la salida antes de despertarme.

domingo, 16 de agosto de 2009

The Bell Jarr

Estoy con la mujer de D.T. Es mayor que él y se nota que está profundamente enamorada. Dice:
-D., cuando te vio el otro día, dijo: “cuando se pone zapatos no está nada mal”.Y en ese sueño yo ando descalza y vengo de dar un paseo semidesnuda por la plaza. El sol me pega fuerte en las piernas. Ella dice que me admira. Me halaga, y le pregunto cómo es que me conoce.
-Por supuesto- dice ella-, desde el 31 de Diciembre sé exactamente quién es Usted.
-¿Qué pasó el 31 de Diciembre?
Ella sonríe como diciendo “lo sabés mejor que yo”, y yo digo:
-Sobreestima mi memoria.
-El 31 de Diciembre usted publicó The Bell Jarr en ... (el nombre de una revista literaria)
-Se develó el misterio- le digo, señalando una publicidad de automóviles.- Me encanta que le guste lo que hago. Mi ideal es ser admirada por aquellos a quienes admiro. P. insiste en que le gusta lo que hago, pero... todo siempre está tan teñido por lo que siente por mí.
-La comprendo perfectamente- dice ella. Yo pongo una mano sobre su pierna. Me da una pena increíble que esté enamorada de alguien que no la corresponde.

Parece que hace unos años, y tal vez decepcionada porque P. no leía mis tonterías, fui Sylvia Plath por una noche.

Fractales

Mi madre corre en círculos y a cada cuadrante su fisonomía cambia: loba, matrona, figura dentro de un daguerrotipo. Se trata de un sueño, por supuesto. Veo que en su espalda flota una cabellera negra, imposible por lo negra, y me digo mi madre tenía el pelo rojo, me digo esto no es sino un sueño y en él yo no he nacido en ningún universo posible.Cuando veo esto ante mí, estoy en penumbras, en la duermevela. No podría haber un mejor escenario. Mi madre corre en círculos lobuna y espectral; loca de atar salta cuerdas imaginarias y yo la veo trazar la circunferencia perfecta.
La tarde se descompone en fractales: una rama dentro de otra rama.

sábado, 15 de agosto de 2009

Leones (de A.B.)

El recuerdo es muy preciso: (los leones) me persiguen, me escapo, a veces el felino no es un león pero puede ser un tigre; en ese caso en general es uno solo, avanza sigiloso, trata de comerme, a veces pasa indiferente a mi lado. En cualquiera de los casos es aterrador. Por suerte en general los olvido.

viernes, 14 de agosto de 2009

Y más Alice


Alice in Wonderland (ese gran sueño)













Antes de la prefiguración de las hermanas Liddell, ya eran patrimonio de los soñadores y opiómanos e intoxicados con mercurio: los naipes ambulantes, el enigmático gato encaramado en lo alto de un árbol, el sombrerero loco, la oruga oracular, las carreras en comité, la Liebre de Marzo y la Reina de Corazones...



O quizás sea el paso del tiempo que me hace creer que soñé todo eso antes de que el libro cayera por primera vez en mis manos.






Remedios Varo- Bordando el Manto Terrestre


Robert & Shana Parke Harrison, o la fotografía onírica




Guardián - Procesión







Alguien me roba años de mi vida

En el sueño, me despierto una mañana y mi hijo pequeño tiene de pronto diecinueve años. No salgo de mi estupor, ya que al irme a dormir la noche anterior, era un niño de cuatro.
Quienes me rodean me dicen que debo estar orgullosa, que él se ha convertido en un hermoso muchacho que es profesor de algún deporte de alta competencia.
Sin embargo, yo no puedo alejar la funesta idea de que alguien me acaba de robar los dos tercios de la vida que me correspondía con mi hijo. Quiero desesperadamente a mi hijo pequeño de regreso.
Me despierto anegada en lágrimas, y el llanto dura unos cuantos minutos más.

(Esto lo soñé luego de haber visto, después de años sin tener contacto con él, fotos del hijo de mi amiga S. que se convirtió en un cuasi adulto en cuestión de unos pocos años)

R. aparece en un sueño

Camino con mi amiga R. por la calle, hasta que ella me propone llevarla sobre mis hombros. Lo hago y curiosamente pesa algo más que un niño pequeño. Vagamos por una ciudad que desconozco, hablando sobre bueyes perdidos.

Recurrencias

Prender luces y no poder evaporar la oscuridad
Necesidad de morder
Caída libre
Se me caen todos los dientes, uno a uno
Sensación de tener la boca llena de algo espantoso
Gritar y que no se produzca sonido
Entuerto amoroso
Subir escaleras eternamente
Abrir puertas y más puertas en un recinto interminable
Viajar a algún sitio en el extranjero y no tener ni un centavo, ni el equipaje, ni destino cierto
Subir a un avión por trabajo y olvidar súbitamente adónde estaba yendo
Preocupación por un ser querido e imposibilidad de marcar su número al teléfono

jueves, 13 de agosto de 2009

El Sueño Truncado de Xanadu


En 1796 Samuel Taylor Coleridge se encontraba convaleciendo de una enfermedad en una solitaria granja de Exmoor. Acababa de tomar dos granos de opio para calmar sus dolores y se había quedado dormido. Al despertar y en medio de ese ensueño que todavía le provocaba el opio, comenzó a escribir un poema sumido en un éxtasis de inspiración. Llevaba unas cincuenta líneas cuando fue interrumpido por un agente de seguros de una localidad vecina. Coleridge trató por todos los medios de librarse del intruso, pero no lo consiguió y lo entretuvo casi una hora hablando de finanzas. Al terminar la visita, intentó retomar su visión del legendario mundo de Xanadú, pero ya le fue imposible. Durante muchos años consideró que no valía la pena ser publicado, pero finalmente se publico "Kublai Khan" -la parte recuperada al sueño- 20 años después de ser escrito.

Le Chien Andalu


Las palomas y el pastor

Estoy en una especie de café con mesas al aire libre, en medio de un patio antiguo. Me siento a una de esas mesas y ésta comienza a rodar, llevándome lejos de mi sitio original. Me quejo a una de las camareras y ella contesta que yo misma debo llevar la mesa de vuelta a su puesto. Ordeno un café para mí y maíz para alimentar a las palomas; hay muchas de ellas, pero no comen los granos que les doy. Me digo que deben estar satisfechas porque se las ve robustas, aunque sí comen el maíz que otras personas les arrojan. Algunos paseantes llevan aves sujetas con una correa igual que perros domesticados. A un lado, en el rellano de una escalera, hay un niño muy hermoso que lleva un cabrito atado con una cuerda tosca. Ambos están quietos, como si posaran para una foto. Junto a ellos está un anciano cuyos ojos tienen un brillo azul profundo, que trata de silbar una melodía y sostiene entre sus dientes una flor de campo. Sé que intenta decirme que en otro tiempo, fuera de este sueño tal vez, ha sido pastor y solía cantar esa melodía para llamar a las cabras. Yo sonrío para que sepa que lo he comprendido.

Incesto (extraído de la novela Fuego Fatuo)

Estoy sentada en una cama junto a mi padre, que no es Padre sino un apuesto hombre rubio de unos cincuenta años. Su piel está bronceada y tiene los ojos de un azul imposible. Es muy bello y yo creo que he tenido hace poco la revelación de que soy la hija de aquel hombre.
Sin embargo lo amo, o es más acertado decir que confío en él, que he ido a su lado porque tengo miedo. Le digo que he estado viendo imágenes fantasmales y que creo que es mi propio hermano quien las proyecta ante mí para asustarme. El se ríe y desestima mis temores; siento que se debe a que ama al Delfín más que a mí e intenta encubrirlo. Hay algo de temer en este padre mío, como una vaga sensación de que es ladino y puede traicionarme. Se parece a algún personaje cortesano que he visto en el cine, Cagliostro tal vez. A pesar de eso persiste la idea de que lo quiero y le entrego mi confianza.
De un instante a otro, los dos estamos en el piso a un lado de la cama haciendo el amor con furia impropia. Yo estoy arriba y sus manos aferran mis caderas con fuerza, haciéndome sentir un dolor tenue y progresivo. El no acaba pero se mueve de maravilla y se ocupa de que yo sí tenga un orgasmo.
Cuando hemos terminado, me echo a llorar y mi padre me pregunta entre risas por qué soy tan tonta y cómo es que lloro después del buen momento que pasamos. El ya está otra vez echado sobre la cama y yo, de rodillas a su lado, le digo que cuando no tenía un padre estaba feliz de no tener la oportunidad de cometer incesto, y que ahora ya lo había cometido sin remedio. Me invade un sentimiento de tristeza o fatalidad más que de arrepentimiento. El me atrae hacia sí, me recuesta a su lado y toca mi pelo; no consigo perder la funesta idea de que algo malo va a sucederme. A continuación miro la mano que me acaricia y la veo convertida en una garra; mi padre rubio del sueño ya no tiene dos manos sino una mano y una garra espantosa.

Tarántula

Había una tarántula. Yo corro a buscar un insecticida con el cual matarla. Cuando vuelvo veo que la araña está en realidad posada sobre lo que al principio es un gato y a medida que avanza el sueño, es un niño de unos cinco años. Yo ya he comenzado a pulverizar el insecticida sobre la araña y veo cómo el gato-luego-niño empieza a contorsionarse producto del veneno. Lo curioso, y angustiante, del sueño, es que en lugar de ayudarlo tengo la horrible sensación de que ya no puedo hacer nada y de que lo mejor que puedo hacer es tratar de ocultar el crimen. El gato-luego-niño se arrastra hasta la barandilla de mi terraza y trata de agazaparse ahí. Me despierto con una desesperación tremenda

Encuentro Lupino

Era un lobo, y ser acercaba a mí con pasos de siete leguas. Era enorme como en los cuentos, lleno de dientes como en los cuentos. Me encierro en una de las salas para que no me alcance y tomo algo en mis manos, ahora mismo creo que era una lanza. El lobo se arroja sobre mí y queda atravesado por la lanza, es tremenda la sensación de esa bestia agonizante tan cerca de mí. Sin embargo, más adelante en el sueño queda claro que mi estancia con el lobo en la sala no fue así de corta, que algún tipo de ataque ocurrió efectivamente.El lobo acto seguido se convirtió en un hombre que yo conozco de algo. Los dos sabemos que ocurrirá un duelo, y que debemos elegir las armas. Yo elijo un puñal y él una de esas armas orientales, hechas de una cadena y un objeto cortante en el extremo. Tengo la inmediata certeza de que va a matarme con eso. Nuestros cuerpos se acercan, me siento vencida y le digo que antes necesito asegurarme. No se ha dicho nada en el sueño pero se sobreentiende que pude haber resultado embarazada de nuestro encuentro cuando él era el lobo. Entonces toma mi puñal y se lo clava. Agoniza frente a mí, como antes su forma lupina