domingo, 30 de agosto de 2009

Ojivas nucleares

Se nota que hice algo terriblemente temerario porque me persiguen aviones cazas y uno de los misiles entra por mi ventana. Me roza el brazo pero estoy a salvo.
Entiendo entonces que es la hora de la fuga y bajo a una calle nocturna. Me infiltro en un comercio con el propósito de pasar por una de las vendedoras pero el encargado lo advierte al instante.
Vuelvo a huir pero sé que antes de hacerlo, de alguna manera y con un propósito desconocido, les relato a los empleados la anécdota del bar de Hemingway en Key West, el taburete desgastado y cómo los turistas creen que el genio les entrará por el trasero.
Cuando me escabullo, estoy de pronto en la casa de mi infancia y un hermano que no tengo me informa que a mi madre le han encontrado un tumor en la región occipital. La idea es tan angustiante que le digo a mi hermano que en ese caso voy a cambiar de sueño, o sea, le hago saber que en este caso voy a optar por esa certeza que tenemos en los sueños, de que un sueño es al final de cuentas sólo un sueño.

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