Estoy con la mujer de D.T. Es mayor que él y se nota que está profundamente enamorada. Dice:
-D., cuando te vio el otro día, dijo: “cuando se pone zapatos no está nada mal”.Y en ese sueño yo ando descalza y vengo de dar un paseo semidesnuda por la plaza. El sol me pega fuerte en las piernas. Ella dice que me admira. Me halaga, y le pregunto cómo es que me conoce.
-Por supuesto- dice ella-, desde el 31 de Diciembre sé exactamente quién es Usted.-¿Qué pasó el 31 de Diciembre?
Ella sonríe como diciendo “lo sabés mejor que yo”, y yo digo:
-Sobreestima mi memoria.
-El 31 de Diciembre usted publicó The Bell Jarr en ... (el nombre de una revista literaria)
-Se develó el misterio- le digo, señalando una publicidad de automóviles.- Me encanta que le guste lo que hago. Mi ideal es ser admirada por aquellos a quienes admiro. P. insiste en que le gusta lo que hago, pero... todo siempre está tan teñido por lo que siente por mí.
-La comprendo perfectamente- dice ella. Yo pongo una mano sobre su pierna. Me da una pena increíble que esté enamorada de alguien que no la corresponde.
Parece que hace unos años, y tal vez decepcionada porque P. no leía mis tonterías, fui Sylvia Plath por una noche.

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