jueves, 17 de enero de 2013

Paula frente al espejo

Paula entra en una habitación con columnas, parecida a un ballroom, una habitación con una gran pared espejada. Hay ciertos familiares que acompañan la escena en bambalinas. Paula se acerca al espejo, hace morisquetas frente a él pero, reavivando el ancestral sueño de los espejos caprichosos, su reflejo no acompaña a la Paula real, sino que tiene vida propia y reproduce sus gestos con cierto delay, como en un laberinto de los viejos parques de diversiones.
Le pregunté a Paula si eso le había divertido pero parece que en el sueño, esta rebelión de los espejos le produjo estupor, extrañeza, cierto desasosiego.
Paula va en busca de sus familiares para que comprueben la irregularidad y en efecto ellos tampoco logran reflejarse en el espejo, en vampiresca representación.
Cuando abandonan el salón, la escena es nocturna y urbana: luces de neón, autobuses, gente que viene y va.
Los días anteriores habíamos estado hablando sobre el cuento Cornelia frente al espejo y este sueño, tal vez, sea una mezcla de esa charla y las auras migrañosas de Paula.

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